
http://www.infobae.com/interior/fotos.php?idSeccion=3&idGaleria=117&opcion=0&mostrarCombo=1
El show siempre debe continuar...???
El relampagueante Mach 5 de Meteoro es tal vez uno de los autos más fáciles de reconocer en las pantallas. Su perfil agresivo y su lustroso color blanco con una ‘M’ roja pintada en el frente del motor, está grabado en la mente de fanáticos de “Meteoro” de todo el mundo, y ahora llegó a la Argentina.
Así es que durante dos semanas una réplica del auto de Meteoro estará ubicada en la plaza del Zorzal, en el Abasto Shopping.
De los guionistas/directores/productores Larry y Andy Wachowski, los creadores de “The Matrix”, y del productor Joel Silver llega “Meteoro, la película” es la aventura de alto octanaje para toda la familia.
A toda velocidad en la pista, haciendo rugir los motores en todas las competencias, Meteoro (Emile Hirsch) tiene un talento innato para estar detrás del volante. Nacido dentro de una familia de pilotos de autos de carrera, Meteoro es agresivo, intuitivo, y sobre todo, temerario. Su única verdadera competencia es la memoria de su hermano al que idolatra—el legendario Corredor X, cuya muerte en el circuito del automovilismo ha dejado un legado que Meteoro está destinado a reemplazar.
Meteoro es leal a los negocios de familia con el automovilismo, liderado por su padre, Papa (John Goodman), el diseñador del estruendoso Mach 5 que conduce Meteoro. Cuando Meteoro rechaza una lucrativa y tentadora propuesta de Royalton Industries, no solo hace enfurecer al maníaco dueño de la compañía (Roger Allam) sino que además descubre un terrible secreto—algunas de las carreras más importantes son arregladas por un puñado de magnates despiadados que manipulan a los pilotos más destacados para incrementar las ganancias. Si Meteoro no corre para Royalton, Royalton se encargará de que el Mach 5 nunca cruce la línea de llegada.
La única manera que Meteoro tiene para salvar al negocio familiar y al deporte que tanto ama es derrotando a Royalton en su propio juego. Con el apoyo de su familia y de su leal novia, Trixie (Christina Ricci), Meteoro se alía con su gran rival -el misterioso Corredor X (Matthew Fox) - para ganar la carrera que le costó la vida a su hermano: el mortífero rally cross-country conocido como The Crucible.
Será una noche emotiva ya que estarán presentes las máximas figuras del musical argentino que trabajaron y debutaron con ellos.
Así es que martes 15 de abril a las 20 horas el teatro Broadway pondrá la alfombra roja para recibir a las máximas figuras del musical argentino.
Al término de la función, Pepe y Angel invitarán a subir al escenario a todos los que alguna vez fueron desconocidos y hoy son estrellas y nombres reconocidos del espectáculo nacional.
El nuevo musical de Cibrián-Mahler es un homenaje al teatro y a los que alguna vez soñaron con subir a un escenario y lograron hacer del sueño una realidad.
Paola Krum, Cecilia Milone, Georgina Barbarossa, Ana Acosta, Sandra Mihanovich, Elena Roger, Juan Rodó, Nicolás Scarpino, Alejandra Radano, Karina K, Damián de Santo, Ana María Cores, Patricia Echegoyen, Alejandro Paker, Omar Calicchio, Marcelo Iripino son solo algunos de los que debutaron junto a Cibrián Mahler y que han sido invitados al estreno de "Cuatro...aquí podemos hacerlo" el próximo martes a las 20 horas en el teatro Broadway.
También fueron invitadas muchas figuras que trabajaron junto a la dupla desde el inicio de sus carreras como China Zorrilla, Jorge Luz, Claudia Lapacó, Carlos Perciavalle, Cecilia Rossetto, Edda Díaz, Ethel Rojo, Haydee Padilla, Marta González y Perla Santalla, entre otros.
Luis D´Elía, mucho gusto. Otra vez soy yo, Fernando Peña. No me presento porque ya me conocés y te encargás de presentarme solo: que me odiás porque vivo en San Isidro, porque soy puto, porque mi vida es así y asá. Por suerte no estoy solo en tu odio: odiás a toda la gente que vos considerás -quisiera saber por qué-'privilegiada', 'garca', 'oligarca' y en general, cualquiera de la clase media para arriba, es merecedora de tu odio. Inclusive distinguís por el color de piel. Por suerte soy pelado y castaño, si fuera rubio de ojos celestes sería más merecedor de odio todavía. Yo quería pedirte perdón. Perdón por no ser como vos.
No todos podemos ganar $ 13.500 mensuales sin
No todos tenemos chofer (tres choferes, si no me informaron mal), no todos tenemos 2
Tampoco todos tenemos la suerte que tenés vos de manejar cientos de planes sociales para manipular a los pobres, de tener viáticos por $ 100.000 al mes, de tener fondos para '
No todos manejamos gastos de protocolo por $ 30.000 al mes.
No todos podemos pegarle a un ciudadano en la calle, cobardemente por la espalda (eso es de putos, te aviso), y al día siguiente estar sentado en el palco con la Presidenta, como ejemplo de ciudadano y civismo. Ojalá pudiéramos, así seríamos como vos y no nos odiarías.
Perdón por ser diferente a vos. Es que algunos tenemos que trabajar ¿sabés?
Vos pensá esto:
Por eso te pido que no me odies ni me quieras matar (¿te acordás cuando dijiste que 'los mataría a todos'?) porque si nos matás, ¿de dónde va a salir la plata que cobrás por mes? ¿Cómo te vas a mantener? ¿Con qué te vas a
Pensalo. Matar al que te da de comer no es buen negocio.
Te saludo
Fernando Peña
A pesar de la soltura con que manejan el tema frente a las cámaras cada vez que les preguntan, lo cierto es que entre Isabel Macedo y Facundo Arana quedó todo más que mal luego de la ruptura tras 10 años de pareja.
Tan es así que el jueves pasado ambos se cruzaron en el bar de Teleinde, donde ella graba 'Don Juan y su bella dama' y él protagoniza ‘Vidas Robadas’, y ni se hablaron. La situación fue la siguiente: se retrasó una escena que debía grabar Facundo por lo que decidió irse a tomar un café al bar; y vaya desagradable sorpresa que se llevó Macedo cuando lo vio entrar, que automáticamente se levantó y se retiró del lugar sin siquiera saludarlo. El actor superó el mal trago tratando de disimular como si nada pasase, pero los técnicos y compañeros que se encontraban allí se quedaron mudos durante unos cuantos minutos sin saber qué decir porque el aire quedó más que tirante.
Si bien ambos actores sabían que esto podía suceder, al trabajar los dos en el mismo lugar a pesar de los malabares de los productores de las tiras al tratar de que mayormente no se crucen, ninguno pensó que sería tan duro llegada la situación.
Luego de las barbaridades con las que D'Elía se despachó, Peña escribió una carta a la Presidenta de la Nación sobre lo sucedido y que refleja el pensamiento de muchos argentinos.
A continuación, la transcripción textual del texto escrito por el actor y conductor el 29 de marzo pasado:
Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país... Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.
Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.
Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo” o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.
Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó.
Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel.
Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.
Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.
Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.
De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.
Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.
Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no.
La saluda cordialmente,
Fernando Peña